25 de septiembre de 2017



Accedo al consuelo de la cara recién lavada.

Hasta
aquí
puede advertirse la tizne negra bajo el ojo,
la arruga marcada que hace ángulo con el lagrimal,
el pensamiento en bucle amarrado al entrecejo.

Y sin embargo,
el agua se desliza ágil,
ajena,
destilando las ganas de llorar el mundo
y
la tragedia de las flores.






Me pregunto 
cuántas veces se ha 
de escalar la soga para comprender
su significado de bozal.

Me pregunto,
cuánto dolor rellena el cupo 
de razones suficientes
para dejar de reconocer el esparto como propio,
como una extensión inherente al cuerpo.

Desenredar las hebras de la garganta
para escupir violetas
en cada vuelo de un colibrí, 
es la fábula constante
que se esconde.

La jaula eres tú,
decía una voz baja.
La luz no se pude atrapar,
me respondí.

Desde entonces,
cada día 
aprendo a caminar descalza.

21 de junio de 2017


A Manuel



Recogeré tu cuerpo 
como ofrenda de lavanda y jazmín.
Sólo así haré de mis manos,
alimento.

16 de junio de 2017

Temblor



He soñado con el frío
y la clavícula se ha vuelto uniforme.
Rígida.

Todo este paisaje de azucenas,
así era mi cuerpo antes de la caída,
se ha convertido en dominio estático.
Ya nadie cruza el puente hasta mis dedos,
tan sólo el viento arrastra nieve hasta la punta de estos ojos.

He despertado con un iceberg en la garganta,
el aluminio de los dientes anunciándome la aurora
me obliga a sonreír con la fuerza de un alud en plena noche.

He soñado con el frío,
he buscado entre las ruinas de mi cuerpo
el origen de este invierno.

7 de junio de 2017


«Vamos a suponer que digo verano,
escribo la palabra "colibrí",
la meto en un sobre
y la llevo colina abajo
hasta el buzón. Cuando abras
la carta te acordarás
de aquellos días y de lo mucho,
lo muchísimo que te quiero».
Raymond Carver


Vamos a suponer que digo verano
y que entonces
todo este plumaje de águila imperial herida
desciende,
como nieve de cumbre,
agua que arrastra ramas,
piedras,
ceniza,
huesos de animales muertos.

- La ceremonia del desnudo como precio a este solsticio-
diré.

Supongamos que digo verano 
y que en cada impulso,
la hiedra avanza:
primero hacia el tobillo izquierdo,
después hasta la rodilla derecha.

Tal vez obviéis que 
hay un nido de jilgueros en el centro de este estómago.
Mientras tanto,
admito ser la representación salvaje de la vida que florece.

6 de junio de 2017




Suerte de viento,
de mar
y de arena.

Coral en flor,
sortija de agua tibia,
lengua de tierra.

Campo de olivo,
ojos de centeno,
mano de pulpa, mirra y jazmín.

Paladar de nube,
piel de magnolia,
sonrisa de luz.

Aquí me tienes,
con el avispero en el estómago
y las manos hacia el frente,
esperando que tu boca llene de lianas
cada diente,
cada encía.

No basta con pensar que la piel se ha convertido en límite
para lo ajeno que pervive dentro,
de ti,
de mí,
de nosotros.

La salida no es otra que buscar el infinito
en tus manos de agua dulce.



2 de junio de 2017




El cuerpo es un bosque derrotado
al que se accede por resquicios 
de madera disecada.

Sí, así es.

Podría pensarse que bastaría con extender el brazo,
juguetear con los dedos entre la grieta
de aquel tronco
para adivinar cuál es el olor de mis costillas.

Pero no, esto no es así del todo.

Porque la ciudad es un río
que diluye la salvia que florece entre mis piernas,
resecando la costura de las hojas.

¿Dónde irán ahora los pájaros a anunciar que la luz se hizo
si las ramas de escenario son arena?
Dónde contarán que la luz de supero a si misma,
logrando hacer brotar la vida.

Recuperar el olor a costilla que late en la madera seca de aquel árbol,
esto sí, esto sí es un hecho:
porque he visto cómo juegas con los círculos de vida que me quedan pretendiendo alcanzar la pompa de jabón sin que se estalle.

El cuerpo es un bosque derrotado,
pero sobrevive alzado ante la arena.

Disculpa,

¿puedes decirme a qué huele la raíz que ha quedado en mis rodillas?

17 de mayo de 2017



Nadie,
repito,
nadie
debería arrodillarse ante quien no entiende
cómo sacar
las astillas de las uñas,
la mugre de los párpados,
la lumbre acumulada en la mejilla,
las polillas de las manos,
la trenza de humedad del esternón,
la culpa de no haber sabido llorar a tiempo.


Nadie
debería arrodillarse ante quien teme la sed del lobo
que se lava la herida
con ungüento de saliva y dolor,
acordonando la sangre que mana.

Qué lastima,
pienso,
aquellos que sólo alcanzan a ver valor en la cicatriz.











Diré,
no sé cuánto tiempo he pasado engullendo acero
como único alimento,
ni cuántas hojas arranqué a los árboles
para hacer la capa que tapase el frío.

Tampoco adivinaré jamás
en qué medida establecí la piedra
que molestaba en los zapatos,
ni cuán alta fue la pared que no dejó correr el grito.

todo es mentira,
responderéis.

Sin embargo,
digo,
aquí,
digo,
he recogido rosas en el vientre.

Mentira, 
diréis.

Y tendréis razón.

Sólo vosotros contenéis la espina.

14 de mayo de 2017


-yo soy esa,
la del vientre de abedul helado-
así que/
vas a tener que aprender a respetar la nieve.

A romper sus átomos
con la delicadeza de un pie desnudo.
La nieve así,
 limpiará tus pasos 
para que siempre acudas con la obligación de la pureza.
Y me alcances renovado,
diferente.

Vas a tener que aprender a sostener el frío,
a equilibrar la balanza del calor.

No podrás permitir que el agua triunfe sobre el hielo.
Tendrás, entonces que intuir cuándo no has de soplar
para levantar las escamas del agua.

Y esto no es fácil.

Esto no es una fórmula certera
pero
si adivinas que la nieve no es más 
que un manto de magnolias destrozadas,
verás arder la duda.


21 de abril de 2017



Llevo amarrados los hijos que no tendré entre las costillas.
Sí,
como una hiedra que entorpece pero nutre.

Todos los hijos que no tengo
forman un paisaje austero,
son un bosque de película animada,
con oscuridad de vértice en la copa de los árboles.

Tal vez mi hija 
tenga los ojos de centeno de su padre.
El pelo negro de su abuela.
La columna torcida hacia la izquierda de su madre.

Es posible que camine sorteando
la luz tibia del atardecer en las aceras,
 guardando en botellas de cristal blindado
el último suspiro del lirio
del bisabuelo al que no conoció.

Puede que mi hijo,
adquiera la costumbre estúpida de abrir las ventanas en invierno
para hacer recuento de cuántos copos caen
adentro de la casa,
cuáles fuera, 
cuántos se estampan en el fondo del cristal
y llore,
desesperado ante la duda de arena blanca
de aquellas playas en las que no crecerá.

Soy todos los hijos que no tengo
y que cada mes guardo en un vasija transparente
que luego cuezo
con la lástima de quien no acierta a comprender
si es el agua o el calor el que arrincona la culpa.


8 de abril de 2017



Esa mañana decidí que iba a lavarme las entrañas
para que pudiera brotar aquel jazmín.

Así que tomé prestado
el jabón abandonado de mi abuela,
con el que frotaba los pies de su marido
cuando el dolor le cegaba los poros.

Acudí también al jarrón de nácar de mi madre,
como zaguán que conserva los geranios
y las montañas 
que no crecen por encima de un olivo.

Robé las sábanas en las que de niña
soñaba con conocer el mundo,
la inocencia sigue intacta en aquel cerco de orina
[allí fue donde forjé mi grito]

Usé mi mano
como azadón que imita el duelo
entre hierro y la tierra.

Comencé a remover el viento de un costado,
a expulsar polillas del ombligo,
a soplar el polvo acumulado en la clavícula
y
escupí.

Escupí para que tú creyeras 
que había llegado limpia,
con un jazmín atravesado en la garganta.

26 de marzo de 2017



Porque puedo
lucho contra la mujer atrapada en el espejo.

Un silencio delimita su imagen.
Saca una polilla de la boca.
La posa en la ventana,
oblígala a volar.

Se pregunta si el desnudo no es la ropa por el suelo.
El desnudo es la imagen
de tus ojos
y
el estanque de silicio vertical,
susurra.

Abro las manos
y
descubro árboles creciéndome en la espalda.
Huelen a hierbabuena la comisura de mis uñas.

M i e n t r a s,
el trigo crece enredado
en la arena de tus párpados.

Háblale a la niña que llevo
[conmigo]
 a horcajadas,
las costillas son el contrapeso de mi infancia.



26 de febrero de 2017



En ocasiones me sorprendo masticando piedras.
Frente al espejo.
Por la calle.
Siempre desnuda.

Mastico piedras
y aparece un río en mis entrañas,
caudal de saliva que perece,
estanque de petunias en primavera.

[Mi estómago es una pecera de colores]

Duermo en la tierra.
Duermo en la tierra llena de hojas,
mi piel guarda los destrozos,
mi cuerpo es un edificio en el que nadie quiere vivir.

En ocasiones bebo cristales de agua dulce,
de tus manos en la que crecen vientos de levante,
bebo.

Hay golondrinas que hacen casa entre mis uñas,
vuelan lejos,
son puntos de horizonte que jamás entenderás
(pero que yo sí).

Cargo con las piedras entre los dientes,
con la tierra entre los poros,
con cristales en la lengua.

Y no te culpo.



Sortilegio de almendro,
que aún crees posar tu mano sobre (mi) piel,
como una más,
como un territorio al uso, 
común, banal, de todos.

Mi piel es el tapiz que te protege de la selva, te digo.

G r i t o.
Grito dentro de la cueva.
Sólo yo oigo la canción de mi amargura
como una melodía de pájaros desafinados.

Cómo canta el ruiseñor a la mañana
diréis con la sonrisa de viento que os libera.

Cuánto queda para alcanzar la orilla 
y beber el jugo amarillento de tu boca
-como obsequio de salitre y azufre caducado-

Cuánto puede caminar la primavera
si por mis ojos sólo trotan los caballos
(y no veo)

Tengo el dolor de toda la semilla que no crece
-en la mirada-


24 de febrero de 2017



Nadie sabe cómo separar el aire de este olor a tierra mojada
que es tu cuerpo sobre el mío.

Mastico tus manos,
con el ansia del que ha comido agua
y ha tenido que llorar.

Mira,
todo el dominio del paisaje de claveles se alza en tu nombre
mientras la lluvia tintinea
cada hora del reloj que no se para.

~Tu boca es el pan~

Hay una muerte oliendo los pasos que dejamos tras de si.
Nos persigue como hiena hambrienta

Nadie sabe cómo deshacer la ortiga de mi pelo,
si quiera la advertencia de la duda
de cuántos pájaros hacen nido en mis encías.

[¿Para cuándo el vuelo ligero de la sombra?]



18 de febrero de 2017


A Manuel


Recuerdo el preciso instante 
en el que el cuerpo se me (des)cubrió de nieve.
Era jueves,
no hacía frío,
si quiera,
 tal vez tampoco nevaba.

Pero juro que el cuerpo se me vistió de cumbre.

Ahí tu mano.
La puerta abierta a tu nombre.
Aquí mi herida
sostenida por cuatro ramas de almendro en flor.

Qué puro el desconcierto de tu boca
construyendo el rayo de luz por el estómago.

En tu sonrisa de limonero camino descalza.
Tobogán abajo,
sólo la aleg(o)ría de tu mano
sobre el cuerpo de piedra que claudica. 


5 de febrero de 2017

La Novia


Madrid, 4 de Febrero. 2017.
19.36.
Suena Shigeru Umebayashi.



«Y yo te sigo por el aire como una brizna de hierba», le dice la Novia a Leonardo mientras las entrañas cacarean, como cuervos, todo el amor que con las manos (ella) no abarca.
Afuera.
Llueve.

Los árboles parecen marionetas de viento sorteando, a duras penas, las embestidas del aire.
Tal vez no sea el viento quien silbe. 
Tal vez las ramas griten en busca de consuelo/
melodía de la toma de tierra,
la llamada de auxilio a la raíz.

-Sujétame fuerte- les oigo gemir.

Mientras, la Novia baila.
Gira sobre sí misma como peonza de nácar
~traslúcida~

Quizá no baile sola.
Ella es el centro de todas las miradas
(pero no lo sabe)

Leonardo, desde lejos la guarda. 
Entre costado y costado.

- Hay miradas que son cárceles de grilletes apretados- piensa ella.

Mira cómo caminan l e n t a s las lágrimas de la Novia, vienen pidiendo auxilio.

¿Quién no quisiera besar tus manos de tierra?

Ahora el cielo de Madrid descansa en rosa pálido.

Silencio.
La Novia, canta.

Y yo me pregunto:

¿Dónde tus pulmones de plata que traen
hasta mi boca
racimos de limonero?

17 de enero de 2017




No podrás admitir que después de tanto esfuerzo,
de tanta piedra,
tanto hielo nacarado,
alcanzaste la cumbre equivocada.

La fábula es así.

Tan cierta
como las magnolias que recogía de entre tus manos,
amarradas a mis dientes
[esa es la historia del origen de la selva]

¿Dónde habrá quedado (entonces) tal jardín de desaliento?

3 de enero de 2017




La palabra es un ecosistema.

Cuando nombro á r b o l
(me) brotan raíces entre la pleura y las costillas,
anidan simientes de bosque
en la trastienda de la sílaba.

Si en cambio
mencionamos a i r e,
son las avispas,
quienes con el esfuerzo de su vuelo,
bautizan de significado
la autonomía de la molécula de oxígeno.

A g u a
(sin saber qué fue primero,
¿quizás la sed?)
para ver cómo la tierra se resquebraja,
tiembla,
 habla.

Puede que el
r í o
sea aquello que contiene a la palabra misma
(como un útero)
 a la que cuida, amamanta, limpia
y transporta
(cómo sino caminaría).



  Querida Lola, amor mío,  hoy hace veinte años que te fuiste. Cada día y cada noche he pensado en ti, y he soñado contigo. Jamás habrá un s...