27 de agosto de 2016


A mi abuela Antonia


C r e z c o
sobre esta pena de otoño y roble desnudo.

Todas las hojas que caen,
levantan el sollozo del tronco herido.

no habrá viento que llene el vacío de las flores que se pierden

Tengo que llegar a la imagen de mi abuela cosiendo
cualquier tarde de verano en alza,
dominar el ritual.

Lamer el extremo del hilo.

Enhebrar la aguja
[desafiando un ojo contra otro]

Zurcir el roto de la tela,
con dulzura,
creyendo que será otro el vestido que me guarde
los huecos de árbol
en invierno.

17 de agosto de 2016



Sólo en esta cuota de irreversibles
permitimos al cerezo
crecer junto a la arena.

Dejé caer el hueso
(pozo al fondo).
Ahí estabas tú,
soplabas la luz como un torrente.

[Espera]mos
 concebir el fruto
ni migajas acudieron a las manos.

Cuando creímos obtener perlas de luz,
(quizás almendras ensangrentadas sobre nuestros ojos)
reunimos cada rastro escogido por el árbol
para e x p a n d i r s e.

Una vez llegado el viento 
observamos que
tan sólo conservábamos la isla.

15 de agosto de 2016



Honda tristeza la del olivo
que contempla la sombra menguada de sus ramas
en la tierra seca de los llanos.

Juré haber sido amplio en horizonte,
haber cobijado bajo la luz de julio
al campesino cansado
(entre el tronco guardo sudores 
que jamás comprenderéis).

Me recuerdo en cada fruto que crecía
-alimenté el ojo vacío de los que lloran
ante el secano de las manos otoñales-

Mientras espero el brote de la primavera,
admiro la torpe sombra
que guarda mis espaldas.

11 de agosto de 2016

Estación de bruma [universo íntimo]




No es invierno,
asume el dedo posado sobre el calendario:
es agosto.

Tiempo de recoger la luz 
de todos los imperios que crecieron
entre cada rendija del cristal partido
con el que nos (ad)miramos.

No es invierno,
dicen mis pies manchados de nieve
 mientras la espuma blanca del mar se solidifica,
 instante en el que tu retina abarca
el mundo tras mi nuca.

No hace frío
pero retiro la escarcha de la sábana que nos cubría
con una inmensa pena de agua,
devolviéndome al origen de un plural
conjugado en tiempo de condena.

A[mar]te,
como besando el río que nos aleja
y marca el camino
hacia tus manos.

7 de agosto de 2016

Salmos





|Primero|
El camino de centeno, la luz tras los olivos
1:1 Cruje la tierra como herida de paja.
1:2 ¿Son tus pies o es la hierba seca
la que provoca el estruendo de tus pasos?
1:3 Habremos de mencionar la lluvia
como la calma del quejido de los campos.
Señor de las hienas,
guíanos hasta la tersa polvareda de la luz,
tras los olivos.

|Segundo|
Puerta de cipreses
2:1 Quien llame a tu puerta,
con más de un golpe entre las manos,
guardará la valentía entre cada diente.
2:2 Madera de sal, impacto de aire.
2:3 ¿Es tu cercanía a mi umbral sólo la ficción de la luz frente al salitre?

|Tercero|
El vuelo de los pájaros de invierno
3:1 La oscuridad no es más que la obstinada pose de la luz tras las ramas.
3:2 Señor de las hienas,
dirige el vuelo de los pájaros de invierno,
horizonte mediante,
pues el colmillo afilado de la madrugada
amenaza la voz menguada de las aves.
3:3 Baten sus alas,
como desempolvando el exilio que entre cada pluma les aguarda.



Así como el mar cubre a la roca
con violencia,
en un vaivén constante
[ahora el daño]
[después el desahogo de la huida]
 éramos nosotros.

De la antigüedad del mar
sólo la roca entiende.

Hablar el lenguaje del impacto,
respirar la huida de la sal.

Solicito ser ese instante,
 donde el sonido cóncavo
admira la violencia natural
de componentes antagónicos.






  Querida Lola, amor mío,  hoy hace veinte años que te fuiste. Cada día y cada noche he pensado en ti, y he soñado contigo. Jamás habrá un s...