Niña,
vas a tener que sacarte de encima
la tela esa de araña que llevas apretada en el costado
porque...
te estás ahogando.
Y lo haces,
lo de ahogarte, digo,
como una pérdida de aire imperceptible,
como la ventana esa que te dije hace un otoño
que tenía una grieta.
Que no es que el frío entrase,
que lo hacía,
es que el aire desde dentro,
también se iba.
Y tú que no,
que mira cómo son de tercas las arañas,
que mira cómo brilla la red que me han tejido,
que me protegen de los bichos que alguna vez
intentan socavarme las costillas.
Mírate las uñas,
niña,
mírate el barro de las uñas,
niña,
hacia dónde vas tan sucia.
A lavarme esta piel de musaraña,
creo.