27 de septiembre de 2019



Niña,
vas a tener que sacarte de encima
la tela esa de araña que llevas apretada en el costado
porque...
te estás ahogando.

Y lo haces, 
lo de ahogarte, digo,
como una pérdida de aire imperceptible,
como la ventana esa que te dije hace un otoño
que tenía una grieta.
Que no es que el frío entrase,
que lo hacía,
es que el aire desde dentro,
también se iba.

Y tú que no,
que mira cómo son de tercas las arañas,
que mira cómo brilla la red que me han tejido,
que me protegen de los bichos que alguna vez 
intentan socavarme las costillas.

Mírate las uñas, 
niña,
mírate el barro de las uñas,
niña,
hacia dónde vas tan sucia.

A lavarme esta piel de musaraña,
creo.

11 de septiembre de 2019




Traté de contener el deterioro de los árboles
convirtiéndome en la salvia que recorre sus entrañas
    - pero el ocaso fue invencible a las puertas del otoño-
    y en cada anillo de madera que me obcequé en alimentar,
la muerte, contigua a mi labor,
otorgaba la batalla al exterminio.

Primero
fue la rama seca que soportaba con delicada estrategia
aquel nido de estorninos.
Después,
la sed fue tanta,
que donde hubo de brotar la hierba,
se sucedían dunas de escamas secas
  • sopla y vencerás, esparciendo sobre la tierra lo que a la tierra le pertenece-

Las hojas,
cayendo en su baile contenido de vacío,
las ramas sosteniendo el qué.

Parece que la duda de la vida avance
como festival de muerte en apariencia.
La vida brota dónde.
La espina clavada en tu ojo será
la que devuelva al otoño lo que robé.






  Querida Lola, amor mío,  hoy hace veinte años que te fuiste. Cada día y cada noche he pensado en ti, y he soñado contigo. Jamás habrá un s...