A Manuel, el muerto viviente.
Lo siento mucho, Ana.
La verdad es que nadie se lo esperaba,
así, tan de repente...
Sigo sin comprender el significado del pésame de los demás
si no es por la mortaja que todos parecen ver menos yo.
Me pregunto dónde verán el luto.
Tal vez no escondí lo suficiente la pena de perderte,
y la lleve puesta en alto como una corona de espinas
que confundo con la diadema de pájaros que una vez conocí
porque tú me la pusiste
reina yo de todos los paisajes
Sigo sin comprender esta viudedad tan viva,
la de encontrarme tus mensajes y fotografías,
y llorar sin que hayas muerto.