17 de mayo de 2017



Nadie,
repito,
nadie
debería arrodillarse ante quien no entiende
cómo sacar
las astillas de las uñas,
la mugre de los párpados,
la lumbre acumulada en la mejilla,
las polillas de las manos,
la trenza de humedad del esternón,
la culpa de no haber sabido llorar a tiempo.


Nadie
debería arrodillarse ante quien teme la sed del lobo
que se lava la herida
con ungüento de saliva y dolor,
acordonando la sangre que mana.

Qué lastima,
pienso,
aquellos que sólo alcanzan a ver valor en la cicatriz.











Diré,
no sé cuánto tiempo he pasado engullendo acero
como único alimento,
ni cuántas hojas arranqué a los árboles
para hacer la capa que tapase el frío.

Tampoco adivinaré jamás
en qué medida establecí la piedra
que molestaba en los zapatos,
ni cuán alta fue la pared que no dejó correr el grito.

todo es mentira,
responderéis.

Sin embargo,
digo,
aquí,
digo,
he recogido rosas en el vientre.

Mentira, 
diréis.

Y tendréis razón.

Sólo vosotros contenéis la espina.

14 de mayo de 2017


-yo soy esa,
la del vientre de abedul helado-
así que/
vas a tener que aprender a respetar la nieve.

A romper sus átomos
con la delicadeza de un pie desnudo.
La nieve así,
 limpiará tus pasos 
para que siempre acudas con la obligación de la pureza.
Y me alcances renovado,
diferente.

Vas a tener que aprender a sostener el frío,
a equilibrar la balanza del calor.

No podrás permitir que el agua triunfe sobre el hielo.
Tendrás, entonces que intuir cuándo no has de soplar
para levantar las escamas del agua.

Y esto no es fácil.

Esto no es una fórmula certera
pero
si adivinas que la nieve no es más 
que un manto de magnolias destrozadas,
verás arder la duda.


  Querida Lola, amor mío,  hoy hace veinte años que te fuiste. Cada día y cada noche he pensado en ti, y he soñado contigo. Jamás habrá un s...