26 de febrero de 2017



En ocasiones me sorprendo masticando piedras.
Frente al espejo.
Por la calle.
Siempre desnuda.

Mastico piedras
y aparece un río en mis entrañas,
caudal de saliva que perece,
estanque de petunias en primavera.

[Mi estómago es una pecera de colores]

Duermo en la tierra.
Duermo en la tierra llena de hojas,
mi piel guarda los destrozos,
mi cuerpo es un edificio en el que nadie quiere vivir.

En ocasiones bebo cristales de agua dulce,
de tus manos en la que crecen vientos de levante,
bebo.

Hay golondrinas que hacen casa entre mis uñas,
vuelan lejos,
son puntos de horizonte que jamás entenderás
(pero que yo sí).

Cargo con las piedras entre los dientes,
con la tierra entre los poros,
con cristales en la lengua.

Y no te culpo.



Sortilegio de almendro,
que aún crees posar tu mano sobre (mi) piel,
como una más,
como un territorio al uso, 
común, banal, de todos.

Mi piel es el tapiz que te protege de la selva, te digo.

G r i t o.
Grito dentro de la cueva.
Sólo yo oigo la canción de mi amargura
como una melodía de pájaros desafinados.

Cómo canta el ruiseñor a la mañana
diréis con la sonrisa de viento que os libera.

Cuánto queda para alcanzar la orilla 
y beber el jugo amarillento de tu boca
-como obsequio de salitre y azufre caducado-

Cuánto puede caminar la primavera
si por mis ojos sólo trotan los caballos
(y no veo)

Tengo el dolor de toda la semilla que no crece
-en la mirada-


24 de febrero de 2017



Nadie sabe cómo separar el aire de este olor a tierra mojada
que es tu cuerpo sobre el mío.

Mastico tus manos,
con el ansia del que ha comido agua
y ha tenido que llorar.

Mira,
todo el dominio del paisaje de claveles se alza en tu nombre
mientras la lluvia tintinea
cada hora del reloj que no se para.

~Tu boca es el pan~

Hay una muerte oliendo los pasos que dejamos tras de si.
Nos persigue como hiena hambrienta

Nadie sabe cómo deshacer la ortiga de mi pelo,
si quiera la advertencia de la duda
de cuántos pájaros hacen nido en mis encías.

[¿Para cuándo el vuelo ligero de la sombra?]



18 de febrero de 2017


A Manuel


Recuerdo el preciso instante 
en el que el cuerpo se me (des)cubrió de nieve.
Era jueves,
no hacía frío,
si quiera,
 tal vez tampoco nevaba.

Pero juro que el cuerpo se me vistió de cumbre.

Ahí tu mano.
La puerta abierta a tu nombre.
Aquí mi herida
sostenida por cuatro ramas de almendro en flor.

Qué puro el desconcierto de tu boca
construyendo el rayo de luz por el estómago.

En tu sonrisa de limonero camino descalza.
Tobogán abajo,
sólo la aleg(o)ría de tu mano
sobre el cuerpo de piedra que claudica. 


5 de febrero de 2017

La Novia


Madrid, 4 de Febrero. 2017.
19.36.
Suena Shigeru Umebayashi.



«Y yo te sigo por el aire como una brizna de hierba», le dice la Novia a Leonardo mientras las entrañas cacarean, como cuervos, todo el amor que con las manos (ella) no abarca.
Afuera.
Llueve.

Los árboles parecen marionetas de viento sorteando, a duras penas, las embestidas del aire.
Tal vez no sea el viento quien silbe. 
Tal vez las ramas griten en busca de consuelo/
melodía de la toma de tierra,
la llamada de auxilio a la raíz.

-Sujétame fuerte- les oigo gemir.

Mientras, la Novia baila.
Gira sobre sí misma como peonza de nácar
~traslúcida~

Quizá no baile sola.
Ella es el centro de todas las miradas
(pero no lo sabe)

Leonardo, desde lejos la guarda. 
Entre costado y costado.

- Hay miradas que son cárceles de grilletes apretados- piensa ella.

Mira cómo caminan l e n t a s las lágrimas de la Novia, vienen pidiendo auxilio.

¿Quién no quisiera besar tus manos de tierra?

Ahora el cielo de Madrid descansa en rosa pálido.

Silencio.
La Novia, canta.

Y yo me pregunto:

¿Dónde tus pulmones de plata que traen
hasta mi boca
racimos de limonero?

  Querida Lola, amor mío,  hoy hace veinte años que te fuiste. Cada día y cada noche he pensado en ti, y he soñado contigo. Jamás habrá un s...