A Manuel
Recuerdo el preciso instante
en el que el cuerpo se me (des)cubrió de nieve.
Era jueves,
no hacía frío,
si quiera,
tal vez tampoco nevaba.
Pero juro que el cuerpo se me vistió de cumbre.
Ahí tu mano.
La puerta abierta a tu nombre.
Aquí mi herida
sostenida por cuatro ramas de almendro en flor.
Qué puro el desconcierto de tu boca
construyendo el rayo de luz por el estómago.
En tu sonrisa de limonero camino descalza.
Tobogán abajo,
sólo la aleg(o)ría de tu mano
sobre el cuerpo de piedra que claudica.
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