Edifiqué un hogar
con nuestras ruinas,
con la intención de recoger
la polvareda de la estampida de los elefantes.
Levanté cada ínfima piedra,
con dulzura.
Día tras día
crecían los muros,
a la velocidad en la que se me abrían grietas
en las palmas de las manos.
Reconocí el jardín donde sembraría
las magnolias que soportarán
la dictadura del invierno.
Y tú no estarás.
Nuestro hijos,
tampoco.
Pero seguirán las estaciones su curso.
Me trenzaré la Soledad
en el espejo del río en Invierno.
Acolcharé mi tedio con las hojas del Otoño.
Será mi ombligo,
cesto de limones en Primavera.
Sonrojaré al verano,
sin falda,
corriendo libre,
entre las margaritas
que planté para ti.