A Manuel,
que siempre sostiene un sueño.
Digo tu nombre y en él nace la primera luz,
el primer propósito.
Digo tu nombre,
advierto,
no sin titubear, la primera sílaba,
porque cuando acabe con la última,
existirás y estarás,
ya no sólo serás nombre sino verbo.
Vida, vivo,
digo tu nombre y entonces,
tiempo,
porque cuando
eres
ya fuiste
aún estás por llegar
y en ese, justo en ese instante,
en el que tu nombre comprende el sitio,
que no es otro que la boca,
sucede lo que ha de suceder,
constelaciones en el paladar de la palabra.