Entendimos el valor del vuelo el día
que nos dijeron que jamás podríamos volar.
Entonces,
comenzamos a preguntarnos algo tan estúpido como
que era eso de la altura,
midiendo el riesgo de abrir las alas
eligiendo si sentir el viento a favor o en contra.
Concebimos el horizonte como el miedo a no llegar al límite...
Miramos hacia el suelo,
perdidos,
encontrando en la arena nuestros pies.
Ese fue el error.
Desdeñar el riesgo de la altura,
por el sólido hábitat del hormigón.