21 de junio de 2017


A Manuel



Recogeré tu cuerpo 
como ofrenda de lavanda y jazmín.
Sólo así haré de mis manos,
alimento.

16 de junio de 2017

Temblor



He soñado con el frío
y la clavícula se ha vuelto uniforme.
Rígida.

Todo este paisaje de azucenas,
así era mi cuerpo antes de la caída,
se ha convertido en dominio estático.
Ya nadie cruza el puente hasta mis dedos,
tan sólo el viento arrastra nieve hasta la punta de estos ojos.

He despertado con un iceberg en la garganta,
el aluminio de los dientes anunciándome la aurora
me obliga a sonreír con la fuerza de un alud en plena noche.

He soñado con el frío,
he buscado entre las ruinas de mi cuerpo
el origen de este invierno.

7 de junio de 2017


«Vamos a suponer que digo verano,
escribo la palabra "colibrí",
la meto en un sobre
y la llevo colina abajo
hasta el buzón. Cuando abras
la carta te acordarás
de aquellos días y de lo mucho,
lo muchísimo que te quiero».
Raymond Carver


Vamos a suponer que digo verano
y que entonces
todo este plumaje de águila imperial herida
desciende,
como nieve de cumbre,
agua que arrastra ramas,
piedras,
ceniza,
huesos de animales muertos.

- La ceremonia del desnudo como precio a este solsticio-
diré.

Supongamos que digo verano 
y que en cada impulso,
la hiedra avanza:
primero hacia el tobillo izquierdo,
después hasta la rodilla derecha.

Tal vez obviéis que 
hay un nido de jilgueros en el centro de este estómago.
Mientras tanto,
admito ser la representación salvaje de la vida que florece.

6 de junio de 2017




Suerte de viento,
de mar
y de arena.

Coral en flor,
sortija de agua tibia,
lengua de tierra.

Campo de olivo,
ojos de centeno,
mano de pulpa, mirra y jazmín.

Paladar de nube,
piel de magnolia,
sonrisa de luz.

Aquí me tienes,
con el avispero en el estómago
y las manos hacia el frente,
esperando que tu boca llene de lianas
cada diente,
cada encía.

No basta con pensar que la piel se ha convertido en límite
para lo ajeno que pervive dentro,
de ti,
de mí,
de nosotros.

La salida no es otra que buscar el infinito
en tus manos de agua dulce.



2 de junio de 2017




El cuerpo es un bosque derrotado
al que se accede por resquicios 
de madera disecada.

Sí, así es.

Podría pensarse que bastaría con extender el brazo,
juguetear con los dedos entre la grieta
de aquel tronco
para adivinar cuál es el olor de mis costillas.

Pero no, esto no es así del todo.

Porque la ciudad es un río
que diluye la salvia que florece entre mis piernas,
resecando la costura de las hojas.

¿Dónde irán ahora los pájaros a anunciar que la luz se hizo
si las ramas de escenario son arena?
Dónde contarán que la luz de supero a si misma,
logrando hacer brotar la vida.

Recuperar el olor a costilla que late en la madera seca de aquel árbol,
esto sí, esto sí es un hecho:
porque he visto cómo juegas con los círculos de vida que me quedan pretendiendo alcanzar la pompa de jabón sin que se estalle.

El cuerpo es un bosque derrotado,
pero sobrevive alzado ante la arena.

Disculpa,

¿puedes decirme a qué huele la raíz que ha quedado en mis rodillas?

  Querida Lola, amor mío,  hoy hace veinte años que te fuiste. Cada día y cada noche he pensado en ti, y he soñado contigo. Jamás habrá un s...