A quienes nunca pondré cara.
Haizea ha cogido un diente de león.
Haizea sopla.
Todas las semillas quedan esparcidas por el suelo
mientras sonríe con la inocencia de quien no entiende
que está cultivando la tierra.
Corre.
Ella es el viento.
Qué otra cosa iba a hacer sino escapar a lo previsto.
Mateo se acerca y le advierte,
mamá vendrá y te dirá que tengas cuidado
porque eso que estás soplando no son simples semillas,
es responsabilidad de vida.
Ahora, ¿le dirás a mamá qué vas a hacer para salvar este desastre?
Haizea sigue soplando,
baila entre la nube de dientes de león
y nada importa más que su sonrisa,
pura y salvaje,
distraída de las conjeturas de su hermano.
Mientras su padre y yo crecemos, ellos aún están por nacer.