"...porque la vida es algo más que un rompecabezas; pero, gracias a las enmiendas que surgen de esta confesión, y que no puedo ni quiero extender hasta el detalle, se ha logrado, a mi parecer, algo tan próximo a la verdad, que podrá tranquilizarnos un poco a los dos y hacernos más fáciles la vida y la muerte." Cartas a su padre, Franz Kafka
Vengo desde la humildad que supone saber que no he ganado ni perdido una batalla sino que, simplemente, deserté de una lucha impropia para mi condición. Has elegido un camino y lo malo de elegir un camino a seguir es que uno, implícitamente, también escoge cual va a ser su final. Y tu final comienza donde acaben estas líneas.
No entraré en detalles porque nunca elegí el sufrimiento como alternativa. En parte, he de agradecer a tu tiranía y desconsideración el fruto que de ellas nació, que soy yo. Una mujer que se sabe fuerte no por encarar mejor la vida sino por aprender a encajar una derrota a tiempo. De ti solo me quedó utilizar lo mejor para alejarme de ello, para huir en dirección contraria a los valores de supremacía que con tanto ahínco me inculcabas. Hoy puedo decir que tengo los bolsillos vacíos pero la moral muy llena y eso, en parte, te lo debo todo a ti.
Aprendí lo mejor de quien tuve que hacerlo y 10 años me bastaron para ello. De ti, descuento el tiempo que compartimos y que llenaste de lo que ahora es motivo de desprecio.
No te guardaré rencor porque no mereces hueco en ello. No mereces mas hueco que el que el tiempo y tu conciencia te brinde y, como bien supongo, será muy pequeño.
Lo bueno del daño es que las heridas, con tiempo, se acaban cerrando y, con suerte, solo intuyes una cicatriz. Y a eso quedarás reducido.
No puedo desearte más de lo que ya tienes. La condena de tener que acompañarte a ti mismo para toda la vida y el peso de lo perdido sin haberlo tenido jamás.