30 de septiembre de 2016



A veces
te recuerdo
con el perfil de acero,
de titanio puro derritiéndose entre mis dedos.

Adivino
el tamaño de la sombra del árbol
por las hojas secas que recojo arrodillada,
cómo pesa esta memoria
tras la puerta de luz que no se cierra.

Hueco de paja,
nieve armada como cemento alrededor de mis pasos,
así 
pesa tu olor.

A la vuelta de la esquina,
[tú]
                     (y)
todo el ámbar desvistiéndose
a cada palmo que se separa del volcán

.S i l e n c i o.

La nieve brota entre los dientes del león.
La luz,
por fin,
se ha marchitado.

28 de septiembre de 2016

Lux



A Blanca y María



De esta semilla
nacerán humedales de rocío
cada septiembre.

Brotarán los brazos,
como raíz asida a la tierra,
para acunar las azucenas de tus ojos,
mañana.

Nadie creerá en el agua brotando manantial de plata
cuando me hablas de que más allá del tiempo
me esperas tú,
río de agua clara y silenciosa,
recorriéndome los cabos.

Bastará una gota de tu aliento
para convertirme en árbol valeroso
que se aleja de la tierra.

E s c u c h a (me)

Voy a quererte libre,
niña que corretea por el campo,
sortija de cereza entre limoneros.

Pequeña luciérnaga en flor,
yo te espero con las manos extendidas
para hacer del nido de tu risa,
mi paciencia.



15 de septiembre de 2016




Niña  
[trenzas de tierra]
ₚₑdₐₗₑₐ ₛₒbᵣₑ ₑₗ ₘₐᵣ,
modula el horizonte de los pájaros de otoño.

Toma el viento
de un extremo.

Anúdate su furia
como lazo a la garganta.








Lejos del eco acartonado del llanto,
el lirio se pulveriza
en un suspiro.

En este cercanía de lecho seco
se construye una casa para las abejas
(entre el diafragma de hormigón herido
y los pulmones abandonados al polvo).

Donde crees ojos,
un puente.

Donde la semilla anida,
trota el agua asalvajada
depurando rocas,
oxigenando el cauce.

Juré haber llorado estaño.

Cuando te fuiste
el río trajo hasta mi puerta un altar de muertos:
una piedra,
algunas ramas,
la sintonía muda de aquel sauce
que aún teme la llegada del frío.





3 de septiembre de 2016



Habríamos de preguntar al cristal
cuáles son las condiciones
impuestas a la luz
para dividirse.

De qué manera
ha de ceder la molécula de aire contenida en él,
en favor del rayo
que atraviesa y se deforma.

No mencionaremos como inútil
el contorsionismo de la luz,
repartida en mil partículas
(se adhiere al polvo como garrapata
que camina por el aire),
ni proclamaremos oscuridad
a todo hueco
entre sus átomos.

Ensalzamos sólo la división del rayo
como la aniquilación del territorio que abarca,
roto y desmembrado,
allí donde se posa,
todo crece.



  Querida Lola, amor mío,  hoy hace veinte años que te fuiste. Cada día y cada noche he pensado en ti, y he soñado contigo. Jamás habrá un s...