15 de septiembre de 2016



Lejos del eco acartonado del llanto,
el lirio se pulveriza
en un suspiro.

En este cercanía de lecho seco
se construye una casa para las abejas
(entre el diafragma de hormigón herido
y los pulmones abandonados al polvo).

Donde crees ojos,
un puente.

Donde la semilla anida,
trota el agua asalvajada
depurando rocas,
oxigenando el cauce.

Juré haber llorado estaño.

Cuando te fuiste
el río trajo hasta mi puerta un altar de muertos:
una piedra,
algunas ramas,
la sintonía muda de aquel sauce
que aún teme la llegada del frío.





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