17 de enero de 2020




No podré decir
"no, esta no es mi jaula"
pues reconozco sus barrotes
como quien reconoce, instintivamente, 
el olor de un hijo recién parido.

No podré decir
"no, esta no es mi jaula"
porque se destila la ternura de un presidio construido e inconsciente, 
 donde de vez en cuando se cuela el aire,
agudizando el protagonismo del metal.

No podré decir
"no, quise salir pero no pude"
pues mastiqué compulsivamente el hierro que me contenía 
hasta hacer de mi saliva una aleación entre libertad y miedo, 
sudor y lágrimas, 
sarna y grito.

No podré decir
"no, 
aquel rayo de sol que se colaba entre barrotes me favorecía"
dibujaba una sombra aterciopelada y fría, tan distante y afinada que,
 sin querer un día escapó de esta habitación impropia.


  Querida Lola, amor mío,  hoy hace veinte años que te fuiste. Cada día y cada noche he pensado en ti, y he soñado contigo. Jamás habrá un s...