27 de febrero de 2016



Nos he visto atravesar las ventanas oscilantes
en busca de la nieve virgen 
que mermase nuestra sed.

Comimos como bestias del impúdico blanco que a duras penas
se sostenía sobre las ramas
de los árboles de aquel jardín,
donde masticamos el vacío que entre cada copo de nieve
se esconde.

A menudo me pregunto si ese vacío,
 que está siempre a la vista,
queda alterado sólo por la luz que la nieve irradia
sobre nuestras manos congeladas.

-Cuando únicamente nos interesa el calor,
despreciamos en favor del interés propio
cualquier partícula ajena de duda.-

Pero el hueco continúa ahí.
Como tú,
 asfixiado con la nieve.

Creyendo agua lo que tragas,
el engaño, una vez más,
 ha conseguido su consigna. 



Defino el lenguaje de los árboles
por el impacto incierto dibujado en el paisaje.

Así es como me acerco a ti,
descubriendo que el aire que nos distancia
es continente de silencio,
que la raíz que nos mantiene unidos al suelo
es la que soporta el interrogante del vértigo.

Nómbrame al almendro
y brotará la flor en mi garganta.

Escupe la saliva.

Aliméntame la tierra
dónde la palabra alcance la copa de los árboles
y obligue a los mirlos a iniciar camino hacia el olvido.

22 de febrero de 2016




Crezco como la hiedra que se cuela por el único agujero del muro que se cree infranqueable. Atravieso y trepo el hormigón. Voy en busca de la luz.
Crezco como el único ejercicio posible de vivir, como sinónimo de duda, como la salvia que me transporta en el camino.
Llevo 30 años amando. Llevo 30 años respirando. Respirando en los brazos de mi madre, que aún me mecen como el viento de verano que hace bailar al campo en todo su esplendor, consiguiendo hacerme Junio en pleno mes de Enero. Me paro y respiro en la sonrisa de mi hermana cuando me mira y me recuerda quién soy y lo que viene a hacer aquí.
Me reconozco en las arrugas de las manos de mi abuela. En los gestos de mi tío cuando mira a su madre y la abraza con delicadeza por encima de los hombros.
Me veo en la mujer que se dibuja en el espejo. Y le sonrío. Llegar hasta este sonrisa no ha sido fácil pero mira cómo brillas.
Soy cada uno de mis amores perdidos, cada una de sus palabras, cada uno de los sueños que no conseguimos pero que recordamos con una nostalgia cariñosa.
Soy todos los amigos a los que admiro por las diferencias que nos unen y nos configuran como familia.

Llevo 30 años...y todo me parece poco.

A vosotros,
gracias.

10 de febrero de 2016




Como cuando intentas explicar que el junco sirve para que
 contenga, asuma, guíe, adopte el río 
y que, pese a que éste
cese, desaparezca o se evapore, 
el junco seguirá allí.

Su función permanecerá idéntica al río que 
transportaba antes de la sequía. 

-No hablamos de la posibilidad de las laderas
 para acoger la lluvia y darle forma de afluente.-

De eso no te hablo. 

Pero qué más da.
Tú nunca escuchas.

El río sigue secándose.

9 de febrero de 2016




Rompes el ritmo de las hortensias,
cuando acelerado apareces,
tras el papel manchado de tinta
que me prometiste
- y que tarde me alcanza-

Excomulgado de improperios
das un puntapié al equilibrio
y entonces el péndulo 
comienza el movimiento.

Ahora estás
-ahora ya no-
Ahora respiro
-no existes-
- y ya no me ahogo-

Tu incoherencia acude
para obligarme a retozar en la amalgama de preguntas
- que sólo tú me creas-.

El esfuerzo,
una vez más,
será triunfo mío.


  Querida Lola, amor mío,  hoy hace veinte años que te fuiste. Cada día y cada noche he pensado en ti, y he soñado contigo. Jamás habrá un s...