Nos he visto atravesar las ventanas oscilantes
en busca de la nieve virgen
que mermase nuestra sed.
Comimos como bestias del impúdico blanco que a duras penas
se sostenía sobre las ramas
de los árboles de aquel jardín,
donde masticamos el vacío que entre cada copo de nieve
de los árboles de aquel jardín,
donde masticamos el vacío que entre cada copo de nieve
se esconde.
A menudo me pregunto si ese vacío,
que está siempre a la vista,
queda alterado sólo por la luz que la nieve irradia
sobre nuestras manos congeladas.
-Cuando únicamente nos interesa el calor,
despreciamos en favor del interés propio
cualquier partícula ajena de duda.-
Pero el hueco continúa ahí.
Como tú,
asfixiado con la nieve.
asfixiado con la nieve.
Creyendo agua lo que tragas,
el engaño, una vez más,
ha conseguido su consigna.