Crezco como la hiedra que se cuela por el único agujero del muro que se cree infranqueable. Atravieso y trepo el hormigón. Voy en busca de la luz.
Crezco como el único ejercicio posible de vivir, como sinónimo de duda, como la salvia que me transporta en el camino.
Llevo 30 años amando. Llevo 30 años respirando. Respirando en los brazos de mi madre, que aún me mecen como el viento de verano que hace bailar al campo en todo su esplendor, consiguiendo hacerme Junio en pleno mes de Enero. Me paro y respiro en la sonrisa de mi hermana cuando me mira y me recuerda quién soy y lo que viene a hacer aquí.
Me reconozco en las arrugas de las manos de mi abuela. En los gestos de mi tío cuando mira a su madre y la abraza con delicadeza por encima de los hombros.
Me veo en la mujer que se dibuja en el espejo. Y le sonrío. Llegar hasta este sonrisa no ha sido fácil pero mira cómo brillas.
Soy cada uno de mis amores perdidos, cada una de sus palabras, cada uno de los sueños que no conseguimos pero que recordamos con una nostalgia cariñosa.
Soy todos los amigos a los que admiro por las diferencias que nos unen y nos configuran como familia.
Llevo 30 años...y todo me parece poco.
A vosotros,
gracias.
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