28 de diciembre de 2014

domingo


He perdido las ganas de comer.
Tengo el estómago inundado
con las lágrimas
que no derramo.

La habitación




Del acto de pulverizar las rosas,
solo queda la constancia de la espina,
sosteniendo el umbral de la puerta
ya cerrada.

El olor impregnado en la pupilas
de unas manos que se tuercen
para contemplar la torpeza de
descubrir que la cuerda
que nos sostenía era,
en realidad,
un péndulo.

Abriremos los ojos cualquier mañana
revelándonos dentro del último paso antes de la caída,
ahogados en la montonera de plumas desordenadas
donde tú veías las alas
y yo,
el hueco inconsciente de la herida.

19 de diciembre de 2014

Sacrificio


Veréis morir los zánganos
en la salida triunfal
de la abeja reina.
Quedará,
tras su vuelo apresurado,
la silueta derretida del enjambre.

14 de diciembre de 2014


Emprender el camino hacía la huida


Entendiendo cada paso

en el tramo de claveles
que me lleva,
con una inercia alegre,
al final del abismo.

Golpear dos veces la consigna en mis oídos


No veré tras mis palabras

la violencia de magnolias
con que repara tu mirada
los resquicios insalvables de la herida.

Apunta siempre al centro de la vida


Como percibiendo en cada envite

la mediocridad del contrincante
que se agota,
golpe a golpe,
en la franquicia de la corona de laureles.

Hinca la rodilla en tierra, 
sálvate a ti misma.






12 de diciembre de 2014

repasar



Y así de evidente es.
Me delatarán los pasos que no he dado hacia ti,
los relojes que no se estropearon al verte,
llegar tarde nunca se convierte en compromiso
cuando esperar ya no es necesario
(sino una rutina)
Soy hábil despreciando
el rumbo en las direcciones convergentes
y ya no me esfuerzo en
torcer caminos para que coincidan

Advertirás de mi presencia
lo inútil que me torno en las salidas,
ahogándome en buscar la de emergencias,
destrozando los muros que me cubren
y que me aseguran del frío de un invierno que me odia,
que me cubre,
que se trenza entorno a mi.
Con las manos heladas,
acariciarlo todo es apostar al dolor.
Me acorralan plañideras,
recogiendo en sus vasitos,
cada una de mis cientos de miserias,
cada vez que me repito:
hoy no,
hoy tampoco es el día
en el que podrás soltar la vida,
verla caminar descalza
y que seas tú el que la vista.

  Querida Lola, amor mío,  hoy hace veinte años que te fuiste. Cada día y cada noche he pensado en ti, y he soñado contigo. Jamás habrá un s...