Y así de evidente es.
Me delatarán los pasos que no he dado hacia ti,
los relojes que no se estropearon al verte,
llegar tarde nunca se convierte en compromiso
cuando esperar ya no es necesario
(sino una rutina)
Soy hábil despreciando
el rumbo en las direcciones convergentes
y ya no me esfuerzo en
torcer caminos para que coincidan
Advertirás de mi presencia
lo inútil que me torno en las salidas,
ahogándome en buscar la de emergencias,
destrozando los muros que me cubren
y que me aseguran del frío de un invierno que me odia,
que me cubre,
que se trenza entorno a mi.
Con las manos heladas,
acariciarlo todo es apostar al dolor.
Me acorralan plañideras,
recogiendo en sus vasitos,
cada una de mis cientos de miserias,
cada vez que me repito:
hoy no,
hoy tampoco es el día
en el que podrás soltar la vida,
verla caminar descalza
y que seas tú el que la vista.
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