28 de noviembre de 2015





Mi vestidito de ortigas
tiene mareas hilvanadas
y en cada puntada
un viento de poniente.

Tapa el corazón de un bosque caduco.

Mi vestidito de ortigas
sale a caminar conmigo los domingos,
los lunes lo seco al sol
y los viernes lo lavo a mano.

Mi vestidito de ortigas me persigue 
-perenne-
para recordaros que caí,
que me levanté
y que me siento orgullosa de ello.

24 de noviembre de 2015



Tendré que cruzar al otro lado de la orilla
- me digo-
antes de encontrar tejido el hilo de algodón 
que te lleve hasta mis clavículas.
(Y me descubras)

Huiré,
lodazal adentro.

Deja que me impregne en las marismas
-yo que nunca tuve miedo a ahogarme-
decido como una cuestión de ego
cesar el movimiento de los brazos
que apartan el agua.

Sólo quiero flotar,
cubrirme entera
con la seda que olvidé
al inicio del camino
hacia el otro lado de la orilla.


22 de noviembre de 2015




No entenderás nada de la luz
si no preguntas a la oscuridad por sus vertientes.

 La sombra adquiere su valor 
por la claridad que la proyecta, 
que la acoge y la deforma 
en el valor de hacerla larga, 
de estirarla hasta dónde 
el Sol comienza a entorpecerse.

Eso es lo que sucede cuando aparezco
 dentro de tus ojos,
rodeada de la ropa tiritando por el suelo.


Yo desnuda y firme,
espero que cuenten nuestra historia 
las gotas famélicas de Abril
que habitan ya el cristal con que te miro. 


20 de noviembre de 2015




De qué servirá apartar la mirada 
de toda la sal que nos rodea
si cuando caminas 
- herida adentro- 
es tu aliento el que me escuece.





13 de noviembre de 2015



"Yo caminaré a tu lado en silencio y sonriendo"
P.R




No se hacia dónde nos señala la bruma 
que destinemos la mirada.

Si viro a popa,
 tu sonrisa es la que tapa
los agujeros que el otoño
me siembra en la clavícula.

Me deshago,
tenue y lenta,
entre tus gestos de apartarte las lágrimas
de la cara,
me deshago 
como el barro con el que me contaron
fui creada.

- Cierro los ojos- 

Se hace larga la trayectoria de tu suspiro
recogiéndome el aroma
de todos los cerezos del parque.

- Ojalá llegue la primavera a nuestro yo tan solitario-

Mi amor,
que sea este silencio de la sala oscura
que compartimos
el que dicte en qué momento debo de pedir auxilio.





12 de noviembre de 2015





Me pasa por dentro 
un ejército de antílopes cruzando la Sabana 
cada vez que anulas el intento 
de agarrarme de la mano. 

Nunca llega tarde la polvareda del suspiro.

8 de noviembre de 2015




Puedes obligarte a despojarme
de todo lo que creas sexo
y género en mi,
como quién desprende
las ortigas clavadas en el bajo del pantalón
tras haber corrido libre por el campo.

Exígete elegir
que ojo va a mirarme de soslayo
y cual directamente al centro.
Calibra toda la distancia,
me ofrezco a ser el punto de mira.





Hay lobo blanco mirándome 
desde lo lejos
de esta habitación oscura,
madre.

Hay un lobo blanco
que contiene entre sus garras
todas las heridas
que aún no llevo impuestas en la piel
pero que sucederán,
cuando la luna se disponga
en lo más alto
y sea yo la que brame.

Conteniendo el aullido
en los pliegues del pulmón,
descubro ser la herida,
madre,
descubro ser la herida
de la que todos huyen
por miedo a mancillarse.

Ha llegado la luna a las 12 al firmamento.
Es momento de lavarse.






1 de noviembre de 2015




Es mi cuerpo cansado
una estantería que acoge el polvo
de todos los libros amarillentos.

Si extiendo la mano al frente,
es sólo porque cuando alzo 
un poco el brazo,
se me abre en los costados
el olor de todos los pinos
que el otoño no conservará para el invierno.

Puedes otear estómago adentro.
Escucharás la marea de azucenas,
anticipo del brote de hojas secas,
que cada Octubre nace
al borde del puntal.

Hay un océano escondido entre mis ojos
-marrones-
Hay un océano que recoge el llanto del sauce 
que sólo yo oigo.

Estoy meciendo a una niña en mis brazos
que lleva mi nombre
pero que no reconozco.




Exhortáis a la semilla que crezca,
que busque más allá del horizonte 
de tierra y humedad,
sin tener en cuenta
que no es la luz quién la mantendrá viva,
sino la necesidad de creer
que existe
y
 que ha de buscarla.

  Querida Lola, amor mío,  hoy hace veinte años que te fuiste. Cada día y cada noche he pensado en ti, y he soñado contigo. Jamás habrá un s...