28 de noviembre de 2015





Mi vestidito de ortigas
tiene mareas hilvanadas
y en cada puntada
un viento de poniente.

Tapa el corazón de un bosque caduco.

Mi vestidito de ortigas
sale a caminar conmigo los domingos,
los lunes lo seco al sol
y los viernes lo lavo a mano.

Mi vestidito de ortigas me persigue 
-perenne-
para recordaros que caí,
que me levanté
y que me siento orgullosa de ello.

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