Mi vestidito de ortigas
tiene mareas hilvanadas
y en cada puntada
un viento de poniente.
Tapa el corazón de un bosque caduco.
Mi vestidito de ortigas
sale a caminar conmigo los domingos,
los lunes lo seco al sol
y los viernes lo lavo a mano.
Mi vestidito de ortigas me persigue
-perenne-
para recordaros que caí,
que me levanté
y que me siento orgullosa de ello.
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