1 de noviembre de 2015




Es mi cuerpo cansado
una estantería que acoge el polvo
de todos los libros amarillentos.

Si extiendo la mano al frente,
es sólo porque cuando alzo 
un poco el brazo,
se me abre en los costados
el olor de todos los pinos
que el otoño no conservará para el invierno.

Puedes otear estómago adentro.
Escucharás la marea de azucenas,
anticipo del brote de hojas secas,
que cada Octubre nace
al borde del puntal.

Hay un océano escondido entre mis ojos
-marrones-
Hay un océano que recoge el llanto del sauce 
que sólo yo oigo.

Estoy meciendo a una niña en mis brazos
que lleva mi nombre
pero que no reconozco.

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