Tendré que cruzar al otro lado de la orilla
- me digo-
antes de encontrar tejido el hilo de algodón
que te lleve hasta mis clavículas.
(Y me descubras)
Huiré,
lodazal adentro.
Deja que me impregne en las marismas
-yo que nunca tuve miedo a ahogarme-
decido como una cuestión de ego
cesar el movimiento de los brazos
que apartan el agua.
Sólo quiero flotar,
cubrirme entera
con la seda que olvidé
al inicio del camino
hacia el otro lado de la orilla.
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