No la recuerdo pidiéndole una fianza al aire para poder respirar. No la recuerdo vencida en el intento de no retroceder (a veces basta con eso, con no volver atrás) sentada en un borde del camino malogrando y vendiendose por las esquinas al peor postor. No la recuerdo con una sonrisa torcida ni con los ojos hinchados y con las manos temblando de miedo como si fuese una niña. No la recuerdo haciéndose tanto daño, tantísimo daño que a los demás acaba por dolernos como a ella por el simple hecho de ser espectador activo de la circunstancia.
Las paredes son retos a superar. Suerte que, con el paso del tiempo, aprendimos a construirnos escaleras.
29 de agosto de 2009
17 de agosto de 2009
...y al final....
Wendy esperó sentada frente al ventanal donde veía a las estaciones del año pasarse el testigo una a otra hasta que el vestido se le volvió amarillo del sol y azul de las gotas de lluvia. Una noche en la que Wendy miraba despistada tras el cristal, Peter apareció de repente enfrente de ella, asustándola. Peter no paraba de moverse y Wendy, molesta, le gritó que cerraría la ventana si él no entraba ahora mismo y la agarraba de la mano.
Peter entró y estaba mas guapo que nunca, mas niño que nunca y Wendy lloró. Él se acercó por detrás y abrazándola fuerte, muy fuerte, le dijo: me he perdido por el camino. El mapa, el mapa se me perdió pero...¡ he vuelto Wendy! ¿Qué te parece? ¿Ahora que me tienes delante te pones a llorar? Venga anda, dame la mano y vamos fuera a dar un vuelo.
Wendy se secó las lágrimas con el bajo del vestido y agarrando la mano de Peter le dijo: Hoy no vamos a volar, hoy me apetece dar un paseo.
Y así fue como al final, Wendy dejó la silla del ventanal llena de recuerdos de tardes y de noches de espera y salió por la puerta con Peter de la mano.
Wendy ya no espera ni esperará jamás asi que....colorín colorado, este cuento se ha acabado.
Querido Peter:
Gracias
Peter entró y estaba mas guapo que nunca, mas niño que nunca y Wendy lloró. Él se acercó por detrás y abrazándola fuerte, muy fuerte, le dijo: me he perdido por el camino. El mapa, el mapa se me perdió pero...¡ he vuelto Wendy! ¿Qué te parece? ¿Ahora que me tienes delante te pones a llorar? Venga anda, dame la mano y vamos fuera a dar un vuelo.
Wendy se secó las lágrimas con el bajo del vestido y agarrando la mano de Peter le dijo: Hoy no vamos a volar, hoy me apetece dar un paseo.
Y así fue como al final, Wendy dejó la silla del ventanal llena de recuerdos de tardes y de noches de espera y salió por la puerta con Peter de la mano.
Wendy ya no espera ni esperará jamás asi que....colorín colorado, este cuento se ha acabado.
Querido Peter:
Gracias
10 de agosto de 2009
ÉL
Me gusta cuando me espera en la estación con los brazos abiertos, el corazón palpitando y desempolvando su sonrisa a cada paso que da.
Me gusta cuando llegamos a casa y me ataca como un gato en celo pintándome la piel de besos y llenándome de cosquillas el cuerpo.
Me gusta cuando me mira, callado, y entonces mi figura va cobrando sentido en cada parpadeo. Y las noches de invierno en las que nos escondemos como fugitivos tras las sábanas y sin pudor nos fundimos en un abrazo.
Adoro su olor tanto como despertar asomada a sus ojos verdes y tirarme en sus brazos para romper en mil pedazos el frío de la espalda.
Él huele a café y a Buenos días suena.
Él no es otro porque él se escribe en mayúsculas.
Me gusta cuando llegamos a casa y me ataca como un gato en celo pintándome la piel de besos y llenándome de cosquillas el cuerpo.
Me gusta cuando me mira, callado, y entonces mi figura va cobrando sentido en cada parpadeo. Y las noches de invierno en las que nos escondemos como fugitivos tras las sábanas y sin pudor nos fundimos en un abrazo.
Adoro su olor tanto como despertar asomada a sus ojos verdes y tirarme en sus brazos para romper en mil pedazos el frío de la espalda.
Él huele a café y a Buenos días suena.
Él no es otro porque él se escribe en mayúsculas.
5 de agosto de 2009
re-volver
A menudo tu sonrisa apuntala mis mañanas
construyendo abrazos y avenidas
que se enredan con bostezos.
A menudo sueño que
las sabanas menguan porque estás ahí,
justo donde el costado se me enfría
y tiembla la mano que te busca
naufragando en la terca sombra del armario.
Y es por ello que insulto a las persianas
por sentirme derrotada en el intento
de alargar la noche en que apareces,
justo al otro lado de la cama y
de la mano que te encuentra,
de la sonrisa que me acuna,
del costado que calienta lo que la mañana me arrebata.
Abro los ojos,
estás.
Buenos días.
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