Wendy esperó sentada frente al ventanal donde veía a las estaciones del año pasarse el testigo una a otra hasta que el vestido se le volvió amarillo del sol y azul de las gotas de lluvia. Una noche en la que Wendy miraba despistada tras el cristal, Peter apareció de repente enfrente de ella, asustándola. Peter no paraba de moverse y Wendy, molesta, le gritó que cerraría la ventana si él no entraba ahora mismo y la agarraba de la mano.
Peter entró y estaba mas guapo que nunca, mas niño que nunca y Wendy lloró. Él se acercó por detrás y abrazándola fuerte, muy fuerte, le dijo: me he perdido por el camino. El mapa, el mapa se me perdió pero...¡ he vuelto Wendy! ¿Qué te parece? ¿Ahora que me tienes delante te pones a llorar? Venga anda, dame la mano y vamos fuera a dar un vuelo.
Wendy se secó las lágrimas con el bajo del vestido y agarrando la mano de Peter le dijo: Hoy no vamos a volar, hoy me apetece dar un paseo.
Y así fue como al final, Wendy dejó la silla del ventanal llena de recuerdos de tardes y de noches de espera y salió por la puerta con Peter de la mano.
Wendy ya no espera ni esperará jamás asi que....colorín colorado, este cuento se ha acabado.
Querido Peter:
Gracias
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