5 de agosto de 2009

re-volver

A menudo tu sonrisa apuntala mis mañanas

construyendo abrazos y avenidas

que se enredan con bostezos.

A menudo sueño que

las sabanas menguan porque estás ahí,

justo donde el costado se me enfría

y tiembla la mano que te busca

naufragando en la terca sombra del armario.

Y es por ello que insulto a las persianas

por sentirme derrotada en el intento

de alargar la noche en que apareces,

justo al otro lado de la cama y

de la mano que te encuentra,

de la sonrisa que me acuna,

del costado que calienta lo que la mañana me arrebata.

Abro los ojos,

estás.

Buenos días.

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