Cuanto más rápido pasa el tiempo con mas fuerza quieres atraparlo y con mas ahinco te gustaría sacarle el jugo. Pero de repente un día despiertas y te das cuenta de que el tiempo ha pasado y la etapa también y quisieras volver allí de donde partiste para volver a empezar de nuevo y vivir exactamente igual a como lo hiciste. El caso es que no menguamos con el tiempo e ir en contra de él supone perderlo de manera estúpida. La distancia que impone implica la sensación de echar de menos aquello que se tuvo o no se consiguió y el deseo y la nostalgia, en tal caso, se parecen tanto...Pero nunca se debiera volver al lugar donde se ha sido feliz porque supone contemplar que ya no jugamos en la calle en la que vivimos y nos raspamos la rodilla, que ya no hay que subir tres pisos para que alguien te pregunte "¿que clase tienes ahora?, animate y bajate a cafeteria que ya habrá tiempo de estudiar".
Hay algunos que tienen llaves que, con sus puertas, cierran etapas. Yo, en cambio, no las tengo, bien sabe si porque las perdí o simplemente no me las dieron. El caso es que no se cerrar etapas porque son lugares felices y la felicidad engancha (y más si pasa el tiempo). Yo no tengo llaves y a veces me gustaría tenerlas pero tampoco me preocupa. Quizás no sea especialista en cerrar puertas pero si en cerrar antiguas ventanas y en abrir las salidas tras las cuales tal vez me esperen unos zapatos que impongan un ritmo precioso a mís días. Quizás abra una puerta y tras ella me tope con una sonrisa o dos o tres. O con una casa que tenga balcón donde desayunar los domingos cafe y tostadas.
Quien sabe, nunca se sabe cuando se habla del tiempo y la distancia.
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