13 de noviembre de 2022

 


De haber nacido en cualquier otro lugar del mundo sería alta. 

Rubia, tal vez. 

Con unos pechos normales 

(los de ahora ni se acercan a la media).

Respiraría, quizás,

sin tener que explicarte que lo hago sin la tozuda mal intención de despeinarte, 

créeme,

no es ese mi propósito,

es que aún no advertí cómo se para el mecanismo automático del soplo 

y el aire entonces sale,

y entonces, te despeina, 

 y entonces,

de haber nacido en algún otro lugar del mundo estaría igual que en este

explicándote la aritmética de lo evidente. 

31 de octubre de 2022

 

A Manuel, 
que siempre sostiene un sueño.


Digo tu nombre y en él nace la primera luz,
el primer propósito.
Digo tu nombre, 
advierto, 
no sin titubear, la primera sílaba,
porque cuando acabe con la última, 
existirás y estarás, 
ya no sólo serás nombre sino verbo.
Vida, vivo, 
digo tu nombre y entonces, 
                                                                tiempo, 
porque cuando 
eres 
                                        ya fuiste 
                                           aún estás por                             llegar 
y en ese, justo en ese instante, 
en el que tu nombre comprende el sitio, 
que no es otro que la boca, 
sucede lo que ha de suceder, 
constelaciones en el paladar de la palabra. 

13 de agosto de 2022

 


Bastó con asomarse al borde para comprobar que las flores habían dejado de crecer y que, en ese impasse de desconcierto, la vida nos había jugado una mala pasada. 


Nos había colocado ahí, 

al borde, 

antes olíamos las gardenias, 

mucho antes de alcanzar el precipicio, 

pero ahora ya no, 

quién sabe si quizás jamás hubo gardenias, 

salvo en nuestra memoria que, 

tal vez nos mienta, 

y nos evoque aquello que quisimos tener, 

que queremos tener pero que sólo recordamos, 

porque una vez imaginamos que no hubo precipicio al que asomarse. 

porque cuando creíamos recordar, tan sólo imaginábamos

-y en la memoria no se retiene la imaginación, sino el recuerdo-


Quién se atreverá ahora a rezar los salmos que aprendimos de memoria, 

retahíla de sílabas de salvación.

Quién recogerá la mano, 

sostendrá la herida, 

repetirá incansable la oración hasta el milagro.

Levántate y camina,

tú,

mujer de prado abyecto, 

mujer de atenuada pulcritud. 

Levántate y labra el camino,

repite el salmo,

eleva la oración hasta que la sangre de las venas se disipe. 

  Querida Lola, amor mío,  hoy hace veinte años que te fuiste. Cada día y cada noche he pensado en ti, y he soñado contigo. Jamás habrá un s...