Me he sentado a ver
el diseño de la lluvia que esculpe,
con violencia,
el tronco oxidado de los árboles.
He configurado
la derrota del relámpago
en vuestro acto reflejo
de encoger los hombros
cuando chispea.
Fingís no hacerlo.
Como cuando se cae
la última hoja del otoño
y
con desprecio
acogéis el primer fruto de la primavera.
No os vanagloriéis.
Vosotros abrís paraguas
como un rescate.
Yo,
por el poder que tiene reconducir la trayectoria de la lluvia.

