Tragué la luz de las velas por ti,
mi amor,
cuando aún se contoneaban
al compás del temor
de quien presiente
cómo la muerte colma de azufre
las ventanas roídas de una habitación.
Se desvanece la vida de tu rostro
mientras observo
-de reojo-
el luto que me espera.
He preparado el vestido
con tu último aliento anudado,
aquí,
en mi espalda.
He tapado mi cabeza,
trenzado mi llanto para que no grite,
llevo el velo austero
difuminando la mirada,
mientras te alejas,
te alejas,
te alejas...
Cerrado el ritual,
comienzo el camino descalza
y el paisaje de la casa
se me va agrietando.
Busco el consuelo que no alcanzo
sumergiéndome en el foso de agua templada.
Yo regaré la tierra que te soporta.
Estoy condenada a no salir del pozo,
viva.
mientras observo
-de reojo-
el luto que me espera.
He preparado el vestido
con tu último aliento anudado,
aquí,
en mi espalda.
He tapado mi cabeza,
trenzado mi llanto para que no grite,
llevo el velo austero
difuminando la mirada,
mientras te alejas,
te alejas,
te alejas...
Cerrado el ritual,
comienzo el camino descalza
y el paisaje de la casa
se me va agrietando.
Busco el consuelo que no alcanzo
sumergiéndome en el foso de agua templada.
Yo regaré la tierra que te soporta.
Estoy condenada a no salir del pozo,
viva.

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