6 de junio de 2015

Nunca seré la novia de Jack Kerouac





Llevo la carcajada torcida de la vida
en la velocidad opaca de una máscara.

Mi sonrisa, 
mera arruga que divide en dos mi rostro,
busca su recuerdo tras los plásticos amarillentos
-como barrotes de una cárcel temporal-
de un álbum de fotos que nadie quemó.

Yo,
que traspasé fronteras,
recogí las flores de la cabeza de Janis
en aquel Woodstock del 69,
cuando la vida aún sonaba
y yo bailaba,
y yo bailaba...
Libre.

Me ha pasado una vida por encima,
me repito
mientras miro mis piernas con cierta nostalgia
y engraso sus radios,
por si alcanzar la meta así
fuera más rápido.

Necesitaré,
después de tanto tiempo recorrido,
 descubrir la señal que
me confíe la certeza de no estar en el camino
-equivocado-
hacia la muerte.

3 comentarios:

  1. rasgando la piel de la cordura a través de viejos recuerdos,
    hay pocas cosas más dolorosas que eso.

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  2. Sr. nadie, llego con un retraso imperdonable a contestar tu comentario, lo se. Gracias por leer, por ver lo que hay entre los versos. Es un placer saber que hay ojos que observan desde algún lugar del mundo. Un saludo

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    Respuestas
    1. un placer, iré pasando.

      por si quieres echar un vistazo
      www.putoycoma.blogspot.com

      cuídate.

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