16 de julio de 2014

De la fe y otras certezas


Cada día me levanto asumiendo el riesgo de esta ciudad inmensa y repleta de gente pero verás, aún sigo creyendo que te encontraré en alguna biblioteca, tras una estantería. O en una de esas librerías que guardan libros antiguos que amarillean y que, si pasas las páginas, suenan a madera carcomida.
Aún confío en la certeza del relámpago que me parta nada más verte, de la tormenta que desataré para traerte conmigo y ponerte a cobijo debajo de las sábanas.
Verás, aún sigo doblando las esquinas con la sorpresa de tropezarme contigo y sentir. Simplemente sentir. Y si las doblo y no te encuentro, entonces me hago cruces y descarto que ese camino sea el siguiente por el que pasar.
Comprenderás entonces que encontrarte se haya convertido en mi dedicación cotidiana y que la aventura comienza cada día al cerrar la puerta de casa y poner un pie en la calle.
Descubrirte va a ser una aventura apasasionante.
Lo se.
Ahora solo déjate ver.
El título del libro ya lo pongo yo.
Tú dedicate solo a escribir la historia conmigo.



Tú tenías una pizarra.
Yo, mil frases que escribirte.
Siempre me tropiezo
en el paso que antecede
a la intención.

Le di la vuelta a la cobardía.
Tenía tu nombre escrito.

No supe de lo mediocre del amor
hasta el día que,
sentado frente a mi,
no supiste que decir.

Cuando entendí que
no importa el tamaño del bolsillo
en el que decías ibas a llevarme,
ya te habías escapado con el coche
a 100 kms por hora.
Solo te importaba huir.
Lejos.
De mi.

El último vals


Que tu seas mi último baile,
que el atardecer recoja con misericordia
la mirada envidiosa de los que asisten
a tu brazo en mi cintura,
mi mano en tu hombro,
la conjugación perfecta de tu sonrisa con la música.

No desestimes la osadía
de la conquista de este reino
que es mi espalda,
que se arquea señalando el lugar
donde espera se alce tu bandera
la noche en que el verano hace
sudar las azoteas.



1 de julio de 2014


El día en que tu muerte cumple la mayoría de edad,
yo te celebro comiendo los caramelos favoritos con
los que llenabas mis bolsillos cuando decíamos
de doblar esquinas donde
las sorpresas siempre tenían sabor a dulce y a piñones.

No recuerdo el tono de tu voz
pero se hace inconfundible a la memoria
el tacto áspero de tus manos,
el olor de tu colonia,
la cojera más moderna,
la lengua que se muerde para
no dejar escapar la concentración,
la destreza de tus sonrisas los domingos por la mañana.

No cesaré en el empeño de doblar esquinas porque, si no apareces,
pajaritas de papel haré. Tengo una colección entera y tu sin aparecer...

¿donde andarás escondido?


  Querida Lola, amor mío,  hoy hace veinte años que te fuiste. Cada día y cada noche he pensado en ti, y he soñado contigo. Jamás habrá un s...