16 de julio de 2014

De la fe y otras certezas


Cada día me levanto asumiendo el riesgo de esta ciudad inmensa y repleta de gente pero verás, aún sigo creyendo que te encontraré en alguna biblioteca, tras una estantería. O en una de esas librerías que guardan libros antiguos que amarillean y que, si pasas las páginas, suenan a madera carcomida.
Aún confío en la certeza del relámpago que me parta nada más verte, de la tormenta que desataré para traerte conmigo y ponerte a cobijo debajo de las sábanas.
Verás, aún sigo doblando las esquinas con la sorpresa de tropezarme contigo y sentir. Simplemente sentir. Y si las doblo y no te encuentro, entonces me hago cruces y descarto que ese camino sea el siguiente por el que pasar.
Comprenderás entonces que encontrarte se haya convertido en mi dedicación cotidiana y que la aventura comienza cada día al cerrar la puerta de casa y poner un pie en la calle.
Descubrirte va a ser una aventura apasasionante.
Lo se.
Ahora solo déjate ver.
El título del libro ya lo pongo yo.
Tú dedicate solo a escribir la historia conmigo.


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