Sortilegio de almendro,
tú
que aún crees posar tu mano sobre (mi) piel,
como una más,
como un territorio al uso,
común, banal, de todos.
Mi piel es el tapiz que te protege de la selva, te digo.
G r i t o.
Grito dentro de la cueva.
Sólo yo oigo la canción de mi amargura
como una melodía de pájaros desafinados.
Cómo canta el ruiseñor a la mañana,
diréis con la sonrisa de viento que os libera.
Cuánto queda para alcanzar la orilla
y beber el jugo amarillento de tu boca
-como obsequio de salitre y azufre caducado-
Cuánto puede caminar la primavera
si por mis ojos sólo trotan los caballos
(y no veo)
Tengo el dolor de toda la semilla que no crece
-en la mirada-
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