A Ana, que también era Manuel durante un tiempo.
Hubiese querido un hijo con el color de tus ojos,
junto a la inocencia que practicas cuando desconoces algo
y el mundo brilla en tus pupilas.
Hubiese querido una hija con nuestro pelo rizado y mi color oscuro,
con el carácter de una lagartija que
trepa la tapia para ver qué esconde
y corre para venir a contarme,
con las rodillas desolladas,
que la pared sólo era cal,
que escuece pero cura porque mamá,
estás aquí y un beso tuyo bastará para sanarme.
Hubiese querido un fuerte hecho de sábanas en el salón,
un camping en el patio para ver estrellas,
una cama quedándose pequeña un domingo a la mañana.
Qué injusta esta pena de tener que
escupir a mis hijos de la boca
mientras el resto del mundo amamanta a los suyos en los brazos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario