A Manuel, que intentó beber café sin éxito.
Me has lanzado a la cara un cataclismo y yo ahora me he convertido en uno de esos agujeros de gusano que, por lo visto, siempre que entras vuelves al inicio.
Confieso que llevo días mintiendo a los vecinos.
Aunque saben que las plantas no se están muriendo solas.
Lo hacen conmigo.
A veces tengo ganas de gritarle a algún desconocido que no soporto más este agujero de gusano. Pero no lo hago, por el contrario, aprieto los dientes hasta que la sien me advierte de que ya es demasiado.
Trago saliva.
Estoy tragando tanta saliva que empiezo a pensar que estoy cerca de ahogarme.
Me gustaría saber qué piensas cuando te despiertas.
Me gustaría saber si ahora huyes de mi recuerdo como lo hacías de mí los últimos días.
A veces creo que podría partirme en dos.
Literal.
Dejar caer cada lado hacia su lado y simplemente estar ahí.
Tirada y rota.
Tengo ganas de gritar a algún desconocido que un día decidiste empezar a tomar café aún a sabiendas que te hacía daño y no explicarle por qué.
Dejar que la duda quede y le atrape.
Como a mí.
Que se sienta víctima de una tela de araña.
Como yo.
Que no sepa explicarse qué coño es un agujero de gusano ni por qué hay una mujer llorando mientras compra si hace meses que lo lleva haciendo sola.
Yo que siempre compré leche para dos,
hoy he desayunado un café solo.
Olvidé comprar la leche.
No hay comentarios:
Publicar un comentario