Al rastro de Manuel.
Pedir una ofrenda y obtener tu cuerpo.
La mano que acaricia
recuerda esta piel como la suya misma
y sin embargo,
teme,
porque en el mismo instante en el que la mano se desprende
y abandona la piel que toca,
recordar pasa a ser,
irremediablemente,
un verbo que contiene todo un cuerpo pasado y a la vez
desconocido desde el presente.
Porque aquel
ya no es.
Porque ahora la nada obliga a discernir
para qué la mano.
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