Traté de
contener el deterioro de los árboles
convirtiéndome
en la salvia que recorre sus entrañas
- pero el
ocaso fue invencible a las puertas del otoño-
y en cada
anillo de madera que me obcequé en alimentar,
la muerte,
contigua a mi labor,
otorgaba la
batalla al exterminio.
Primero
fue la rama
seca que soportaba con delicada estrategia
aquel nido de
estorninos.
Después,
la sed fue
tanta,
que donde
hubo de brotar la hierba,
se sucedían
dunas de escamas secas
- sopla y vencerás, esparciendo sobre la tierra lo que a la tierra le pertenece-
Las hojas,
cayendo en su
baile contenido de vacío,
las ramas
sosteniendo el qué.
Parece
que la duda de la vida avance
como
festival de muerte en apariencia.
La
vida brota dónde.
La
espina clavada en tu ojo será
la
que devuelva al otoño lo que robé.
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