14 de septiembre de 2018





Trabajarás la tierra
pero no obtendrás cosecha alguna
porque el cuerpo es un ungüento de estiércol oxidado.
Así que amasarás las venas con la conciencia
de quien espera la pureza de un hijo impecable.
Y tragarás lejía
-para sanarte-.
Créeme señor,
yo he lavado mis tripas con cal viva,
como semilla que llama a la semilla que produce el trigo.
Créeme señor,
yo he arado el camino hasta mi vientre,
he frotado mis manos hasta el dolor
y he llegado hasta el centro,
removiendo y apartando escoria,
para encontrar al hijo
que devuelva la tierra a las manos de las mujeres
que empuñan su vientre como estaca
en el centeno.




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