He
oído al mar romperse en llanto
contra
la arena
mientras
admirabais el ascenso impetuoso del cerezo.
Ahí
los
gritos
emergiendo
a bocanadas de la cueva.
Aún
os
imagino adivinando el algoritmo de las flores fallecidas,
como
si de ello tratase la belleza de la muerte.
Qué
sabréis vosotros de la deuda de salitre acumulado
si
todavía masticáis los restos de cerezas,
lamiendo
el hueso,
con
lascivia.
Observo
el mundo como un templo derrotado de semillas.
Nada
crece allí donde ha vencido el exterminio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario