14 de septiembre de 2018





He oído al mar romperse en llanto
contra la arena
mientras admirabais el ascenso impetuoso del cerezo.
Ahí
los gritos
emergiendo a bocanadas de la cueva.
Aún
os imagino adivinando el algoritmo de las flores fallecidas,
como si de ello tratase la belleza de la muerte.
Qué sabréis vosotros de la deuda de salitre acumulado
si todavía masticáis los restos de cerezas,
lamiendo el hueso,
con lascivia.
Observo el mundo como un templo derrotado de semillas.
Nada crece allí donde ha vencido el exterminio.


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