No es invierno,
asume el dedo posado sobre el calendario:
es agosto.
Tiempo de recoger la luz
de todos los imperios que crecieron
entre cada rendija del cristal partido
con el que nos (ad)miramos.
con el que nos (ad)miramos.
No es invierno,
dicen mis pies manchados de nieve
mientras la espuma blanca del mar se solidifica,
instante en el que tu retina abarca
instante en el que tu retina abarca
el mundo tras mi nuca.
No hace frío
pero retiro la escarcha de la sábana que nos cubría
con una inmensa pena de agua,
devolviéndome al origen de un plural
conjugado en tiempo de condena.
A[mar]te,
como besando el río que nos aleja
y marca el camino
hacia tus manos.
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