Honda tristeza la del olivo
que contempla la sombra menguada de sus ramas
en la tierra seca de los llanos.
Juré haber sido amplio en horizonte,
haber cobijado bajo la luz de julio
al campesino cansado
(entre el tronco guardo sudores
que jamás comprenderéis).
Me recuerdo en cada fruto que crecía
-alimenté el ojo vacío de los que lloran
ante el secano de las manos otoñales-
Mientras espero el brote de la primavera,
admiro la torpe sombra
que guarda mis espaldas.
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