25 de septiembre de 2017



Accedo al consuelo de la cara recién lavada.

Hasta
aquí
puede advertirse la tizne negra bajo el ojo,
la arruga marcada que hace ángulo con el lagrimal,
el pensamiento en bucle amarrado al entrecejo.

Y sin embargo,
el agua se desliza ágil,
ajena,
destilando las ganas de llorar el mundo
y
la tragedia de las flores.




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