La palabra es un ecosistema.
Cuando nombro á r b o l
(me) brotan raíces entre la pleura y las costillas,
anidan simientes de bosque
en la trastienda de la sílaba.
Si en cambio
mencionamos a i r e,
son las avispas,
quienes con el esfuerzo de su vuelo,
bautizan de significado
la autonomía de la molécula de oxígeno.
A g u a
(sin saber qué fue primero,
¿quizás la sed?)
para ver cómo la tierra se resquebraja,
tiembla,
habla.
Puede que el
r í o
sea aquello que contiene a la palabra misma
(como un útero)
a la que cuida, amamanta, limpia
y transporta
(cómo sino caminaría).
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