Soy la ventana y la puerta.
El precipicio es
tan sólo una pared mal colocada
que nadie se atreve a saltar.
No se cuantas manos
son necesarias para cruzar un río de orilla a orilla
pero se que bastaría con la tuya
para recorrerme entera por dentro
cada vez que lo imagino.
Yo no soy de esas niñas
que quieren aprender a volar.
Quiero poder andar erguida sin vértigo.
Quiero que alguien cuente mis pasos
y saque una ecuación de ese sonido.
Sólo yo pongo las reglas.
Sólo ellos son capaces de saltárselas.
Vas a romperte de lo bonita que eres.
¿Y quién te dice
que no soy el último vestigio de aquella guerra?
He sangrado durante muchos años.
Soy la consecuencia de los platos que rompí.
Pero ahora...
Soy como el pequeño antílope que,
sin haber levantado un palmo del suelo,
ya sueña con correr.
Soy la arena del reloj que cae,
lenta.
Soy un girasol de plástico de 1.99 que no morirá nunca.
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