Están en ti todos los huesos que me faltan.
Tú,
custodio del vacío de mis costillas
has de saber que llevo la caja torácica al aire
para que aniden moscas y jilgueros.
Mientras si y no,
adquiero como un dogma
soportar la cromática voz
de los pájaros de invierno,
como única victoria del combate contra el frío.
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