3 de octubre de 2015

Síndrome de Pompeya




Tras el golpe,
abrí los ojos en Pompeya.

Yo soy la columna 
que aguanta estoica
el paisaje desolado que dejaste tras de mí.

Yo soy la flor 
a la que cortas
medio palmo del tallo
para que sobreviva.

(Para ver el apogeo de las flores
hay que herirlas constantemente,
sino pierden el alimento que les otorgas.)

Y tú, 
sin saberlo,
con cada envite
me aferrabas más a mi,
más a la piedra que me recuerda,
que Pompeya sigue en ruinas
pero viva.

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