La rozadura intuye,
como sombra anudada a la garganta,
que, en algún momento,
existió la soga.
Así como el camino
aún guarda las huellas de la huida,
cercena el gasto que la vida
puso en jaque
minutos antes de la caída.
Depositar el peso de la duda
sobre la rama para que ceda
y rompa,
es toda la valentía de que dispongo.
Hasta donde alcance el diente,
será todo vacío.
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