19 de diciembre de 2015





Tienen mis manos la forma
de todos los campos de trigo
que tus ojos calientan en la noche fría,
dónde el gallo quiebra las ventanas
y despierta las paredes.

Tienen mis pechos
la sombra frágil de la azucena
asida al junco de tu herida,
que me sangra toda entera
tiñendo mi vestido pálido
en hoguera de las fiestas de San Juan.

Sopla tu galerna
en la llanura de mi vientre.
Que salgan,
desde el fondo de la tierra austera,
todos las yeguas que me tienen 
-entre su grito-
atravesada. 

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